
El asma afecta a unos 358 millones de personas en todo el mundo. Con el asma, el revestimiento interno de las vías respiratorias es sensible, se inflama e hincha y produce un exceso de moco. Además, el músculo liso que rodea las vías respiratorias se contrae. Da como resultado que las vías respiratorias se vuelvan más estrechas, un proceso llamado broncoconstricción, lo que dificulta la inhalación y la exhalación.
Además, existen ciertas situaciones y condiciones que pueden influir notablemente en su evolución, tratamiento y control. A continuación, repasamos algunas de ellas para que, si tú o alguien cercano convive con esta patología, podáis estar mejor preparados.
ASMA Y EMBARAZO
Una de cada tres mujeres embarazadas con asma grave puede notar un empeoramiento de su enfermedad durante la gestación. Esto se asocia con más riesgos de complicaciones, como los problemas respiratorios en la infancia del bebé.

¿La clave? Evitar las crisis durante el embarazo. Aunque la mayoría de medicamentos atraviesan la placenta, los beneficios de mantener esta patología bajo control superan ampliamente los posibles riesgos de los tratamientos.
Si estás embarazada, sigue tu tratamiento habitual (con revisión médica, claro), realiza un buen control de tu técnica de inhalación y no olvides enjuagarte la boca tras cada dosis para evitar efectos secundarios.
ASMA Y OBESIDAD
El exceso de peso se ha convertido en un auténtico reto en el manejo de esta patología. Las personas con obesidad tienen más probabilidad de desarrollarla, y si ya la padecen, suelen experimentar síntomas más intensos, más crisis y peor calidad de vida.

Incluir objetivos de pérdida de peso en el plan de tratamiento es indispensable. Una pérdida de peso del 5-10 % puede marcar una gran diferencia en su control. Puede mejorar síntomas, reducir medicación y ¡ganar salud general!
ASMA Y EPOC
El asma y la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) son enfermedades respiratorias crónicas que dificultan la respiración. Distinguir entre los dos puede ser difícil y algunas personas presentan signos y síntomas característicos de ambas enfermedades. Pero son enfermedades con orígenes, evolución y manejo distintos.
La EPOC, aparece progresivamente, sobre todo a partir de los 50 años, y suele estar vinculada al daño pulmonar por la exposición prolongada a irritantes, especialmente el tabaco. En ella, la limitación del flujo aéreo es persistente y suele empeorar con el tiempo.

Ambas patologías pueden presentar exacerbaciones, pero mientras en la EPOC suelen ser desencadenadas por infecciones respiratorias y contaminantes, en el asma los estímulos varían mucho entre personas. Un diagnóstico correcto es clave para individualizar el tratamiento y mejorar la calidad de vida del paciente.
ASMA, RINITIS ALÉRGICA Y RINOSINUSITIS CRÓNICA
Sabemos que asma y rinitis suelen ir de la mano, ya que se ha visto que un alto porcentaje de asmáticos también sufren rinitis alérgica. Y si además hay rinosinusitis crónica, el riesgo de asma es hasta 3,5 veces mayor.
Tratar la rinitis alérgica puede:
- Mejorar la función pulmonar.
- Reducir síntomas y uso de medicación de rescate.
- Mejorar calidad de vida y reducir crisis, especialmente en niños.

No subestimes un “simple moqueo”. Un buen manejo de la rinitis puede ayudarte también a respirar mejor.
ASMA OCUPACIONAL
¿Sabías que uno de cada seis adultos que desarrollan asma lo hace por causas laborales? El asma ocupacional se origina por exposición a sustancias del entorno de trabajo.
🔹 Si el origen es un agente sensibilizante, se recomienda retirar al paciente del foco de exposición.
🔹 Si es por irritantes, puede mantenerse en el trabajo, pero con cambios de puesto o medidas de protección adecuadas.
Si tienes síntomas y crees que tu trabajo puede estar influyendo, no lo dejes pasar. Cuanto antes se detecte, mejor se puede actuar.
ASMA INDUCIDA POR EJERCICIO
Puede ocurrir que al hacer ejercicio sientas tos, falta de aire o sibilancias. Si te ocurre esto, podría tratarse de asma inducida por el ejercicio físico. Es una obstrucción transitoria y reversible de las vías aéreas bajas desencadenada por la práctica de ejercicio físico enérgico.

Los síntomas aparecen durante poco después del ejercicio y suelen durar unos minutos. Calienta con ejercicios progresivos antes de hacer deporte, y no olvides llevar tu medicación de rescate. Es necesario evaluar el grado de control del asma para elegir el tratamiento.
Si te ha gustado este artículo, puedes echar un vistazo también al post sobre el asma en general —y, por supuesto, compartir esta información con quien la necesite. Porque entender el asma es el primer paso para vivir mejor con él. 🫁💙
